Helados del verano de 2017


Aquí una entrada pendiente sobre helados, ahora que el frío aprieta. El Calippo Combo, ¿qué tal? Una decepción. Atrás queda la grata sorpresa del Calippo Loco que mezclaba naranja y piña, que saciaba la sed y estaba delicioso.

Este nuevo Frankenstein de coca-cola con vainilla rememora la bebida clásica de las pelis estadounidenses. ¿El problema? El lado de cola es de hielo y el de vainilla, de leche. Dos texturas y dos temperaturas distintas que no se mezclan en una explosión de sabor: Drácula sólo hay uno.


Kalise para todos los adictos al empalago. Trufo plus sorbete de frambuesa, con ese buen nombre mezcla de tufo y truño que pierde todo sentido cuando dejamos de tener chocolate. Mezcla frambuesa (dulce) con chocolate blanco (más dulce). ¡No hay contraste! No hay ningún elemento que le dé vidilla porque ni las pepitas son crujientes.

En el otro lado del cuadrilátero tenemos el Magnum Double Raspberry (frambuesa, coño). Tiene contraste, un buen chocolate negro, potente. Y entre baño y baño de chocolate, una capa de frambuesa. ¡Bien, bien! Qué pena que no me guste el chocolate negro. Por todo lo demás, perfecto.


Cada vez más, como si de cansinas películas de superhéroes se trata, se dan los crossovers entre marcas del mundo de la bollería industrial y los helados. Cucuruchos con Kitkat, Lacasitos,... Este verano fueron novedad (al menos para uno que aquí se dio cuenta, pues pueden venir en la mochila de otros años) los helados de palo de Oreo y de Toblerone.

No tengo nada que objetar. El de Toblerone sabe a Toblerone. Personalmente, sabe mejor, pues no me empacha tanto como el mazacote original de pirámides alineadas. El de Oreo, igual. Si las malditas galletas me resultan odiosas por su galleta y por su crema asquerosa, aquí todo me parece perfecto. El único inconveniente es que sólo lo encontré en pakis, y estos no ponen a máxima temperatura el congelador ni que tengan que conservar un riñón para su hermano enfermo.



Y, ¡oh!, el chicle. Como un crío me lo he pasado. ¡Qué artificial, qué requeterrechupetérrimo! El Pirulo Gum Gum, ¡bang, todos para mí! Un Frigopié engabardinado en un baño de chicle con un palo que puedes pelar y mascar, ¡porque es un chicle que está sabroso y no es insípido! Parecía lo mejor del verano... hasta que se cruzó el Pirulo Kaktus Pops.

Un barrilete lleno de tronquitos verdes con sabor a chicle de fresa empedrados de trocitos cujientes y ácidos. Empiezas y no paras. Está tan bueno que casi no te importa que en el envase se insinúe que son penes de cactus antropomórficos, y que la explosión de sabor es un lefazo en toda regla directo al inconsciente de los más pequeño de la casa. ¡Alégrate, toma rabo!


Infancia que no se marchita: Astérix en Italia y Le Petit Nicolas (La bande dessiné originale)


Tras Astérix y los Pictos y El papiro del César, llega Astérix en Italia, mucho más soso en su título que el original (Astérix et la Transitalique), pero gratamente entretenido y loco. Similar en su concepción de viaje a la historieta narrada en La vuelta a la Galia, en la que ambos héroes deben recorrer Francia, aquí nos los encontramos atravesando Italia al ritmo acelerado de una carrera de cuádrigas.

Me pirran los álbumes en los que los galos visitan sitios distintos, conocen nuevos personajes, se hacen bromas con las costumbres de los lugares y se parodian figuras famosas. Astérix en Italia no me ha defraudado en ese sentido, y me he reído con muchos de los guiños que Ferri y Conrad realizan. No me ha agradado tanto el cambio de ritmo hacia al final, en el que claramente vemos un tajo que busca cerrar la aventura.

Queda patente que Goscinny sabía marcar mejor el paso a lo largo de las cuarenta y ocho páginas, espacio que a los nuevos autores les queda corto. No sólo eso, también han confesado lo difíicl que les resulta publicar un libro cada dos años. Y es que debe lastrar continuar la estela de dos monstruos de la viñeta que llegaron a encadenar diez entregas en sólo cinco años (1965-1969). Sin embargo, al final, poco de esto importa cuando abres tu tebeo y vuelves a disfrutar como la primera vez.



A la espera de que traduzcan este álbum en España, leer las historietas originales que precedieron a los libros de El pequeño Nicolás ha sido una gozada. También guionizadas por Goscinny y secuenciadas por Sempé, esas veintiocho planchas (dos de ellas acompañadas de sus posteriores relatos e ilustraciones, para poder comparar) reviven el "buen hacer" del niño que siempre acaba metiendo en problemas a sus mayores.

Su burla de las convenciones sociales de la Francia de los años 60 sigue causando hilaridad en este mundo contemporáneo que ansía quedar bien con todo el mundo temeroso del juicio suspicaz y crispado en el que nos ha atrapado la red de redes. Es delicioso cómo la ingenua mala baba del chaval trastoca con extrema sencillez el orden establecido y cómo, pese a hacerse el caos a su alrededor, consigue salir incólume de él.

Obviamente, a diferencia de los cuentos, la idea está más condensada, pero Nicolas sigue ahí. Lo más irreconocible, tal vez, sea el estilo de Sempé, menos personal, más en consonancia con el resto de tiras estadounidenses de la época. Más tarde, tendería a una línea más simple, más elegante y más efectiva. Pero son minucias. Como bien reza la contratapa, esta edición recupera un tesoro que merece la pena volver a disfrutar. Es una magnífica máquina del tiempo con la que volver a reír.

Mortadelo y Filemón. Un 60 aniversario bastante pachucho


Los achaques de la edad repiten como tema principal en este nuevo aniversario, una década después de ¡...y van 50 tacos! Pero repiten como una mala cena. La falta de humor de aquél nos parece oro a día de hoy. En la quincuagésima celebración, el paso del tiempo tenía su razón. En ella, los agentes de la TIA debían demostrar con todas las argucias posibles que la edad no les pasaba facturaba para evitar que los pusieran de patitas en la calle.

Aquí, en cambio, Ibáñez hace un batiburrillo en el que la vejez sólo es una excusa para hacer un sinfín de sketches escatológicos. Mientras la pareja de detectives burricalvos intenta evitar una Tercera Guerra Mundial en el temible encuentro entre los dos alter ego de Donald Trump y Kim Jong Un, nos encontramos cada dos páginas con un retortijón o una repentina incontinencia urinaria. Si ¡...y van 50 tacos! te pareció excesivamente cacaculopedopís, ahora lo añorarás.

La parte política es también floja, ya no comparándola con El quinto centenario o Barcelona 92, tronchantes y maravillosas, sino con ¡Elecciones! y El tesorero, ambas de dos años trás. Ni las caricaturas de los mandatarios se parecen, ni tienen nada especial. En las dos aventuras de 2015 reconocemos a los políticos del panorama patrio, con sus tics y sus ridiculeces, y eso suma en el resultado final de una carcajada.

En fin, no esperaba demasiado, y así ha sido. Tampoco voy a pedir más a estas alturas de la vida del maestro, que tanto nos ha hecho reír, y que ha retratado la miseria de España como nadie. Muchas gracias, y un abrazo.

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Más entradas sobre Mortadelo:

El infierno según Rodin, exposición en la Sala Fundación Mapfre de Barcelona


La exposición El infierno según Rodin estará en la Sala Fundación Mapfre de Barcelona (Casa Garriga Nogués en Diputación, 250) del 11 de octubre de 2017 al 21 de enero de 2018.

Como la de Renoir que fui a ver a esta misma sala el año pasado, está dividida en dos plantas. No han traído muchas piezas grandes, y la mayoría son figuras pequeñas: bocetos y modelos en yeso y en bronce del artista. Sin embargo, las pocas esculturas de gran tamaño que han traído, impresionan y embelesan a cualquiera.

La edad de bronce, su primera obra importante, es una maravilla delicada y hermosa. El Adán y la Eva que debían franquear a ambos lados la Puerta del Infierno te estremecen: ella cubriéndose por la culpa y la vergüenza, él retorcido y tapándose el rostro con el hombro. Los brazos de Adán son enormes y musculosos, un prodigio anatómico inerte que rebosa fuerza. La poderosa energía de sus manos y pies recuerdan a los del David de Miguel Ángel.

Aprendemos la larga historia de la Puerta, desde su inspiración inicial en El Infierno de Dante, y la intención del escultor en retratar los castigos del averno, a la posterior influencia de Las flores del Mal que empuja al artista a plasmar no la consecuencia sino las causas que inducen a los hombres a los actos prohibidos: las pasiones, los deseos, la vorágine.

Rodin rehace la Puerta infinitud de veces. Justamente mi pareja había estado unas semanas atrás visitando el Museo Rodin de París, y le pareció un complemento ideal, pues había obras que por su ubicación en el museo no había podido disfrutar igual. Así que no es una experiencia que no merezca la pena, pues amplía la exposición original parisina.

Hay más esculturas de gran tamaño, pero han sido distribuidas de manera muy inteligente. Iba a salir con pena de no haber visto lo suficiente y, ¡zas!, el gran final. Es una perogrullada, y sonará hasta idiota, pero a diferencia de la pintura, la escultura ofrece el gran regalo de la tridimensionalidad. Puedes mirar los trabajos del artista desde diferentes ángulos, y en cada uno las sensaciones que te transmite son distintas. Rodin es capaz de lucir su talento sorprendiéndote a casa paso.

La entrada cuesta tan sólo 3 euros. Si sólo se puede vistar la exposición en fin de semana, recomiendo el sábado a primera hora, a las diez, pues los espacios no son muy grandes y se llena. Nosotros entramos poco antes de las once y no sufrimos aglomeración ninguna.

Blog de Maliki


Mi última gran sorpresa ha sido descubrir que Blog de Maliki... no es de Maliki. Su verdadero autor se hace llamar Souillon (un alias que se puede traducir como dejado, cerdo o marrano) y es un hombre. Aparece a veces en las tiras como el ayudante y sirviente de Maliki. Y después de haber googleado un poco, no estoy seguro de que sea verdad.

Sea como fuere, este webcómic pseudoautobiográfico ha tenido tanto éxito que ha acabado siendo publicado en papel. Y si me ha chocado la estrambótica historia tras la autoría de este personaje, una historietista que vive en el campo con sus gatos, no menos me sorprendió (para bien) descubrir este tomo que no quise comprar.

Lo adquirió mi pareja, porque la portada no me auguraba nada bueno. Apuntaba a lo que es: un recopilatorio pastiche de historietas, ilustraciones y comentarios destinado a los usuarios que visitan el blog de Maliki.com. Y, no obstante, el dibujo me atrapó: desde su estilo caricaturesco de clara influencia manga hasta la fuerza expresiva de los personajes.

Es ahí donde queda patente la formación previa del autor como animador, quien impartió estudios en la escuela de arte Gobelins de París y trabajó como diseñador de personajes en el videojuego Dofus y en la serie Wakfu, también basada en otro juego. Su dominio del movimiento, de la gestualidad y de las expresiones corporales es fantástico.

Y si el dibujo te agarra la cabeza y no te deja que la gires hacia otro lado, el humor desenfadado y absurdo hacen que te quedes en tu asiento devorando sus trescientas páginas a todo color. El chiste que abre la función, el del dentista homeópata, es de traca. En España ha sido publicado por Ediciones Babylon a un precio de 19,95€. Tanto por las risas como por el arte merece la pena.