Revisión 2017

Otra vez, he acumulado más películas que libros. Un año en el que los muchos viajes en tren por cambio de trabajo, y una ampliación de los gigas mensuales en la tarifa del teléfono móvil, han propiciado unas cuantas horas de metraje sobre ruedas.

Muy buenas:
Buenas:
Correctas:
Malas:
Muy malas:
De juzgado de guardia:


Recuento 2017

En septiembre, mi suma de libros era cero; en noviembre, dos. Después de un sprint con agradables descubrimientos, alcancé la marca de nueve, igualando el año anterior. En cómics, me he mantenido. Ha sido un año de cambios, así que no me puedo quejar del listado conseguido.

Mis favoritos:

Correctos:

Regulares:

Decepciones:

Imperdonables:


De los cómics, mis favoritos:

Visualmente atractivos:

Me han gustado:

Regulares:

Malos:

Infumables:


Trumbo de Jay Roach


Trumbo es Dalton Trumbo, un hombre que sólo conocía por haber dirigido la turbadora Johnny cogió su fusil (1971). Me encontré de cara con la película una madrugada de mi adolescencia. Sin buscarla, acaso sorprendido mientras zapeaba buscando el porno de Canal+, acabé digiriendo uno de los alegatos antibelicistas más duros que existen en el celuloide.

Supe, tiempo después, cuando las tarifas planas aterrizaron en internet, que también era el autor de la novela homónima de 1939. A estos datos se circumcribía su nombre. Ver su biografía en pantalla grande ha sido una grata sorpresa, pues, a diferencia de otros biopics, he aprendido mucho sobre su figura y sobre la atmósfera psicótica que envenenó los años de la caza de brujas anticomunista.

La trama es lineal y sin florituras. Va de A a B, desde que es señalado por el dedo acusador de la justicia, que lo estigmatiza como un rojo y un espía, hasta los últimos años de su vida. Es un recorrido iluminador para el espectador, que descubre cómo el talentoso guionista consiguió regresar del ostracismo al que había sido condenado.

Y es que ser tachado de comunista no sólo suponía ser considerado alguien poco de fiar. Significaba asumir penas de cárcel. Cumplidos los años pertinentes entre rejas, el paria veía cómo todas las puertas profesionales le había sido cerradas a cal y canto. Los que en su día lo habían apoyado ahora le daban la espalda acosados por las presiones externas.

Como siempre, Bryan Cranston cumple con su papel, aunque confieso que he disfrutado más con el personaje secundario de John Goodman, el más entretenido de lejos. En el elenco también se encuentra Louis C.K., que suelta un par de gracias con su estilo tan característico, pero que en ningún momento se masturba delante de nadie.

No quiero destripar nada, si bien los datos están a la mano de cualquiera en la Wikipedia, pero me ha sorprendido mucho que el nombre de Dalton Trumbo estuviera detrás de tantas películas conocidas. Lo ignoraba totalmente. Aunque tuvo suerte de tener una posición privilegiada económicamente que le permitió subsistir durante los años más duros, su lucha es encomiable.

Visto lo visto, si debiera echarle algo en cara a la película sería el tono conciliador del final, absteniéndose de culpar a nadie e igualando a la víctima y al verdugo, algo que me cuesta aceptar. Hay quienes utilizaron en su favor posiciones de poder para perseguir y destrozar la vida de personas inocentes, y no deberían salir impunes de ello.

Bright de David Ayer es de todo menos Bright


Ciertas críticas, u opiniones, hablaban bien de la película. En Netflix, productora de Bright, tiene cinco estrellas, con usuarios dándole la puntuación máxima y afirmando que no han visto nada igual. O son una panda de trols, o su punto de vista y el mío se encuentran a años luz el uno del otro.

En un mundo alternativo donde los humanos conviven con elfos, hadas y demás seres mágicos, el agente Ward (Will Smith) ve cómo le asignan a un novato. Su nombre es Nick Jakoby y es el primer orco en ingresar en el departamento de policía de Los Ángeles. Su llegada enciende el fuego xenófobo que los humanos sienten hacia estos seres asociados con el Mal.

Como Distrito 9, parece utilizar la fantasía para tratar temas sociales tales como la discriminación, pero al igual que aquel truño plantado por Neill Blomkamp, aquí también las ideas son presentadas de manera simplona y sentimental. Bright es una peli de acción del montón, llena de clichés, malas actuaciones y efectos poco especiales.

No hay nada que sorprenda, ni en el apartado visual, ni en el narrativo. Los personajes son tan redondos como un folio y la trama avanza cuesta abajo y sin muletas. El director rueda planos o añade efectos gratuitos, sin que el momento lo requiera. Hay un tiroteo a cuatro malosos a cámara lenta tan largo como innecesario.

Como en Mad Max: Furia en la Carretera, salen de la casilla de partida para acabar volviendo a ella: el revolucionario giro copernicano de trescientos sesenta grados. Y regresan no porque lo deduzcan, sino porque el personaje que durante toda la peli ha estado hablando en élfico, le da por revelar que domina el inglés y que sabe más de lo que ha callado durante todo el rato. Pues vale.

Tirando de vil ad hominem, dejo aquí que su director, David Ayer, también se encargó de esa otra joya del absurdo titulada Escuadrón Suicida, y que su guionista Max Landis es uno de los cráneos previlegiados que dio a luz a la subnormalizante American Ultra. Ni siquiera Will Smith salva esta tontada. Su carisma de antaño brilla aquí tanto como el ingenio de sus creadores.

Last Hero Inuyashiki de Hiroya Oku


Hiroya Oku, autor de Gantz, firma esta obra publicada en España por la maravillosa editorial de manga Milky Way. Suma en su punto final diez tomos cuidadosamente editados repletos de acción, violencia y situaciones extremas.

La trama da el pistoletazo de salida cuando un débil anciano (Ichiro Inuyashiki) y un adolescente conflictivo (Hiro Shishigami) son atropellados cómicamente por un platillo volante. Antes de marcharse para no volver, los extraterrestres intentan solucionar el desaguisado recontruyendo a los dos humanos con piezas de la más sofisticada tecnología.

Tras recobrar la conciencia sin saber qué ha sucedido, ambos personajes seguirán caminos separados, descubriendo día a día sus nuevos poderes, tan adecuados para llevar a cabo las más sangrientas matanzas como para realizar sanaciones milagrosas, desde la salvación de personas al borde de la muerte hasta la curación de enfermedades para las que todavía la humanidad no tiene tratamiento.

El desarrollo es muy interesante, pues el protagonista y el antagonista no son tan planos como cabría esperar. Constantemente reflexionan sobre sus actos y sus posibilidades. El joven aprende rápido a utilizar las herramientas, mientras que al anciano le cuesta entender cómo funcionan. Y necesita dominarlas para poder detener al chico, quien empieza a hacer realidad sus deseos de venganza.

Inuyashiki es un viejo gris, de un patetismo llevado al extremo. Su esposa e hijos son crueles con él. Lo consideran un don nadie. Al igual que con Gantz, el mundo de los medios de comunicación y de las redes sociales tiene un gran peso. Vemos cómo la gente no llega a entender los terribles sucesos que sacuden la ciudad y sólo reaccionan desde sus teléfonos móviles.

Este manga tiene muchas cosas buenas, pero también es cierto que tiene un gran número de puntos interesantes en los que no profundiza lo suficiente. Se repite en exceso la enfermiza algarabía de las redes y la televisión, cuando hubiera estado bien aprovechar esas páginas para hacer más redondos ciertos aspectos de los personajes, tan complejos como clichés en ciertos aspectos.

El final me ha parecido, aunque precipitado, correcto. Al ser una serie breve, no me ha decepcionado como Gantz. La clásica serie de Oku duró trece años. Treinta y siete tomos de flipadas que al final no llegaron a buen puerto, olvidando subtramas por el camino y dando una explicación totalmente insatisfactoria. Por el contrario, Inuyashiki mantiene el perfil bajo de su protagonista y no defrauda.