Tonbo

No hay que juzgar un libro por su portada. Y si no debieras juzgarlo, menos aún comprarlo, evidentemente. Pero me dejé llevar por el cuidado diseño y me lo llevé de las mesas de la librería Haiku a las estanterías de mi casa. Aunque los ebooks ofrezcan muchas alegrías, el culto al objeto todavía está reservado al papel.

Me alegra decir que no me equivoqué al dejarme llevar por el impulso. La autora es japonesa, aunque reside en Canadá. No es Murakami. Esto entristecerá a muchos fans del escritor nipón. No es mi caso: mis dos intentos de acercarme a él (Al sur de la frontera, al oeste del sol y De qué hablo cuando hablo de correr) me resultaron enervantes.

Con Tonbo sentí el mismo placer que sentí con Lo bello y lo triste de Kawabata o El caminante de Taniguchi: la bella serenidad de un paseo literario. Todo transcurre parsimoniosamente, con esmero cuidado, con una escritura desnuda que muestra más que describe. Tonbo es una novelita corta con una historia muy simple que sirve para relajarse, para disfrutar.

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