Woodlawn, el drama deportivo cristiano que desvirtúa la lucha contra el segregacionismo

Woodlawn (2015)

LA PELÍCULA

Woodlawn es una película bien rodada y, visualmente, muy atractiva. Lo que en un principio captó mi atención, sin embargo, fue su historia. A través de la narración de los inicios de la carrera del ex jugador negro de los Miami Dolphins Tony Nathan, esta biografía busca capturar las tensiones raciales todavía existentes en el sur de los Estados Unidos en la década de 1970.

Nathan empezó como running back (corredor) en el equipo de los Colonels del instituto de Woodlawn, en Birmingham, Alabama. Birmingham era conocida como Bombingham, dados los numerosos altercados provocados por la segregación racial. A este respecto, la película parece dar a entender que la solución a estos conflictos vino dada por la intervención conciliadora de un pastor.

Si se mira la historia de los Estados Unidos y de la lucha por los derechos civiles de los afroamericanos, a nadie le extraña la relevancia de la religión en la consecución de las libertades civiles. Sin embargo, escama sobremanera la manera simplista e ingenua con que se nos presenta aquí el final del odio entre los dos bandos de esta cruenta partida de ajedrez.

Tal como se ordenan los hechos históricos, en un rápido flashback al inicio del filme, parece que 1973 fuera el momento álgido de las manifestaciones en Birmingham, cuando en realidad los sucesos más relevanes sucedieron diez años antes. No menos significativo es que el pastor que conduce esta conversión cristiana en masa sea un gordito cojo y bien blanco.

Lo peor es que las dotes de este predicador dejan mucho que desear. En ninguno de los discursos que da escuchamos algo más que frases vagas, sin ninguna entonación especial dispuesta a inflamar los corazones. Es como si yo me pusiera delante de un montón de gente y dijera sin ninguna pasión: "Tenemos que amar a Jesús", y el público al completo se volcase sobre mí entusiasmado.

No resuelta creíble, entonces, que los blancos, que hasta un minuto antes hacían gala de su desprecio, se conviertan en defensores a ultranza de la integración. Mucho menos que los negros, vilipendiados hasta el momento, no recelen de ese orador paliducho, que nadie conoce y que ha surgido de la nada. Ni las palabras ni la actuación del actor Sean Astin convencen.

La interpretación del que fuera el soso Sam en El Señor de los Anillos no es la única plana. Ahí tenemos al entrenador Tandy Gerelds (Nic Bishop), que pasa de ser un descreído a recibir el bautismo sin saberse muy bien cómo. Hasta tenemos al antagonista que se reía de la fe, el entrenador del equipo rival, alineado en un pestañeo con el bando devoto.

Son cambios que descolocan y que no pueden dejar de causar recelo, desconfianza que crece cuando se indaga un poco y apenas se encuentran datos acerca de esa gran conversión unificadora que se llevó a cabo durante el 73 y el 74 en la ciudad de Birmingham, y que tuvo su culminación en la final del campeonato estatal de Alabama más multitudinaria de la historia.


CONTEXTO HISTÓRICO PREVIO

Lo primero que hice fue googlear "Woodlawn true story", pero sólo me aparecían reseñas positivas de webs cristianas que no hablaban de los hechos en los que se basaba la historia. Luego, me di cuenta que el subtítulo de la película es "The True Story" (como si se hubieran hecho muchas películas sobre ello) y poco iba a rascar buscando por ahí.

Seguí pulsando la lupa con diferentes combinaciones hasta que encontré un artículo totalmente opuesto, más acorde con mis dudas (Mancini, 2015, listado abajo en las fuentes). Sin embargo, tampoco arrojaba información sobre lo realmente sucedido. Más bien, como yo, el autor veía difícil tragarse aquel guión que disminuía la importancia de los sucesos de 1963.

Siguiendo ese hilo, intenté informarme un poco sobre la historia de la ciudad. Woodlawn fue un asentamiento de familias ganaderas que en 1815 ocupó las tierras desposeídas a los nativos americanos con el tratado de Fuerte Jackson tras la guerra Creek. En 1910 la ciudad fue anexionada a Birmingham.

Birmingham fue fundada en 1845 y debió su crecimiento a las minas de hierro, carbón y piedra caliza, materiales necesarios para la producción de acero. Tras sufrir fuertemente la Gran Depresión del 29, la ciudad se recuperó gracias al aumento de la demanda de acero durante la Segunda Guerra Mundial y el posterior boom de la construcción.

De 1910 a 1930 dobló su número de habitantes de 132658 a 259678 (fuente). La industria había atraído a las familias afroamericanas de las áreas rurales y, en la década de los cincuenta, el 60% de la población era blanca y el 40%, negra. Cuando la ciudad empezó a virar del sector industrial hacia los servicios, la mano de obra de color empezó a ser vista como una amenaza.

No era de extrañar. Ellos cobraban menos de la mitad que los blancos por trabajar lo mismo o más. Sin embargo, el odio racial se olvidaba de que los negros no tenían acceso a profesiones como bombero, policía, o dependiente, y que su ratio de desempleo era 2,5 veces mayor. En 1960 sólo el 10% de los afroamericanos tenía derecho a voto.

Martin Luther King y Fred Shuttlesworth
8 de mayo de 1963

El Ku Kux Klan empezó a cometer atentados contra la población afroamericana y la ciudad recibió el sobrenombre de Bombingham. Había segregación racial en edificios, espacios y transportes públicos. Tras la prohibición en 1956 de la NAACP ( Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color), el reverendo afroamericano Fred Shuttlesworth plantó cara.

Creó la ACMHR (Movimiento Cristiano de Alabama por los Derechos Humanos) y promovió protestas y demandas judiciales contra las políticas segregacionistas. Tras ser encarcelado en 1962, buscó apoyo en Martin Luther King y la SCLC (Conferencia Sur de Liderazgo Cristiano), cuya campaña en Albany, Georgia, no estaba teniendo éxito.

Shuttlesworth los convenció. Con la lección aprendida tras su experiencia en Albany, la SCLC decidió cambiar de estrategia y, en lugar de dirigir sus esfuerzos en la batalla política contra la discriminación, se centraron en metas concretas y asequibles, impulsando el boicot económico a los comercios del centro de la ciudad y convocando actos pacíficos de protesta.

Sus sentadas y rezos en iglesias de blancos, consiguieron crear repercusión mediática, la suficiente para que el Viernes Santo de 1963, King fuese arrestado. Ese mismo día, ocho pastores anglicanos blancos publicaron una carta abierta titulada "A Call for Unity" en la que recomendaban a los manifestantes abandonar aquellas protestas azuzadas por "forasteros" (outsiders).

En su "Letter from Birmingham Jail", King defendió con argumentos la necesidad de la desobediencia pacífica contra leyes moralmente injustas. Ocho días después, ayudado por la intervención del presidente Kennedy, salió. Pese a su arresto, seguía sin haber mucha gente dispuesta a arriesgarsepor la causa, y las protestas empezaron a perder fuerza.

James Bevel, organizador de la SCLC, propuso llevar a cabo marchas con estudiantes de las escuelas primarias y secundarias, algo que King dudó en apoyar. Sin embargo, la llamada Children's Crusade reavivió la atención de los medios. El 2 de mayo la cárcel estaba al completo. Siendo imposible más arrestos, se empezó a impedir a los manifestantes acceder al centro de la ciudad.

Foto de Bill Hudson, de la Associated Press

Las imágenes de estudiantes siendo derribados por los fuertes chorros de agua de las mangueras, o las de pacíficos manifestantes atacados por perros policía, pusieron contra las cuerdas al presidente Kennedy, que exigió una solución al conflicto. El 10 de mayo Shuttlesworth y King confirmaron a la prensa que habían llegado a un acuerdo con empresarios y políticos.

Se acordó desegregar cafeterías, aseos, fuentes y probadores en un plazo no superior a noventa días. Además, se permitiría la contratación de afroamericanos en grandes almacenes como dependientes, y aquellos en prisión serían puestos en libertad. Como respuesta, el hotel donde se hospedaba King fue bombardeado, además de la residencia de su hermano.

Se deplegaron tropas federales en la ciudad para aplacar los fuertes disturbios. El alcalde Art Hanes y el comisario Eugene Connor fueron destituidos. El 11 de junio el presidente Kennedy se dirigió a la nación para proponer una ley de derechos civiles. Sería firmada en 1964 por el presidente Lindon B. Johnson, proscribiendo cualquier tipo de discriminación por raza, sexo, religión o nacionalidad.

En septiembre del 63, las escuelas públicas de Birmingham llevaron a cabo la integración racial, mismo mes en que el Ku Kux Klan atentó con explosivos contra una iglesia bautista afroamericana matando a cuatro niñas y causando veintidós heridos. En 1965 se cerró el caso. Supuestamente, el director del FBI Edgar Hoover bloqueó la persecución de los cuatro sospechosos identificados.


CONTEXTO HISTÓRICO DE LA PELÍCULA

Birmingham fue un punto de inflexión en la marcha por los derechos civiles de los afroamericanos y tuvo su eco en otras ciudades del sur. Todo fue impulsado por reverendos y asociaciones religiosas, y conseguido gracias a la lucha y resistencia de la población afroamericana, personas que acabaron en la cárcel o asesinadas por los ataques terroristas de los supremacistas blancos.

No se entiende qué necesidad tiene la película en, si no obliterar todo esto, restarle importancia para otorgársela a un hecho que, además de ser presentado como un cuento de hadas, no parece haber tenido más que una repercusión local. Pues, de acuerdo con los testigos, sí que hubo una comunión religiosa entre los miembros del equipo de los Colonels de Woodland.

Tony Nathan explica que por aquella época sí que había tensión racial ("during that time there was a little racial tension") y confirma que en aquel momento tanto el entrenador de Woodlawn como muchos del equipo, incluido él mismo, abrazaron el cristianismo (Poupart, 2015). Sin embargo, no recuerda la famosa charla de la película debido a una contusión en la cabeza (Carlton, 2015).

Brad Hendrix, ala defensivo del equipo en 1974, corrobora que dedicaron la temporada "al Señor" y que, gracias a la fe, rindieron a su mayor nivel durante aquel año y el anterior (Carlton, 2014), los dos que abarca la película. También confirma que el entrenador Tandy Gerelds tuvo mucho que ver con la unión de los Colonels entorno a una meta común de raíces cristianas.

Indagando más, encontré que en los 60 y 70 tuvo lugar la llamada "Revolución de Jesús" que, al igual que el fenómeno hippie, tuvo sus inicios en la Costa Oeste en los Estados Unidos. Asociado al Movimiento de Jesús encontramos al evangelista cristiano Hank Erwin, ex senador republicano en Alabama en 2002 y 2006, y ex capellán de Woodlawn en 1973.

Portada de la revista Time, 21 de junio de 1971

El personaje del orador está parcialmente inspirado en él. La otra figura real que sirvió de modelo para crearlo fue Wales Goebel, evangelista en Birmingham para quien trabajaba Erwin por aquel entonces. Fue Goebel quien relató delante de los estudiantes su terrible experiencia con la bebida y cómo el alcholismo truncó su carrera en el baloncesto (Carlton, 2015).

Hank Erwin es, asimismo, el padre de Andrew y Jon Erwin, los directores de la película. Aunque ambos hermanos crecieron oyendo la historia de Woodlawn, el guión no parte de su experiencia sino del libro homónimo de Todd Gerelds, hijo del entrenador Tandy Gerelds, que defiende la misma premisa evangelizadora. Todos los promotores del proyecto estaban fuertemente implicados en él.

¿Cuál es mi conclusión? Decididamente, el Movimiento de Jesús llegó a Birmingham y oradores como Goebel y Erwin ayudaron a extender su mensaje, que caló hondo en los jugadores de los Colonels y en su entrenador. Esto proporcionó más cohesión al equipo procurándole un objetivo común por el que jugar, tal como han confirmado el testimonio de algunos de ellos.

Sin embargo, frente a lo que afirma Hank Erwin, de que ayudó a Tony Nathan a "correr con un propósito", el ex corredor de los Dolphins asegura que él no puede afirmar eso, pues "sólo hacía aquello para lo que estaba dotado" (Crenshaw, 2015). Nathan nunca niega la fuerte comunión religiosa de aquellos años, pero ciertos comentarios parecen alejarlo de otorgarle excesiva relevancia.

Desde luego, el resurgir de los Colonels con la figura de Tony Nathan a la cabeza frente a los Banks liderados por el quarterback Jeff Rutledge causaron furor y condujeron a la final del campeonato estatal de Alabama más multitudinaria que haya habido nunca. Lo que no queda claro es hasta qué punto se ha exagerado la parte relacionada con la fe.

No he encontrado constatación del hecho que todo el campo se pusiera a rezar el Padre nuestro como en la película, ni la escena en que todos el campo a oscuras enciende velas en honor a Jesús. Tampoco alcanzo a entender la necesidad de magnificar algo para reducir o desprestigiar el impacto de otros sucesos en los que la religión tuvo un papel esencial.

En realidad, el suceso tiene más que ver con el éxito del Movimiento de Jesús que con la consecución real de las libertades civiles. Podemos atestiguar cómo, durante el metraje, se deja en mal lugar movimientos similares a los Panteras Negras, asociando a sus militantes más con el problema que con la solución. Ejemplifican el mal camino, alejado de Dios y de la concordia social.

Esta gente conflictiva acabará en el filme uniéndose a la causa por el corazón de Jesús, dejando de lado su faceta combativa. Esto hace de Woodlawn no sólo un bodrio ñoño de dos horas, sino un producto sesgado políticamente. Es la visión blanca y republicana de unos Estados Unidos cimentados en la unidad familiar, la comunidad cristiana y los símbolos patrios.

El fútbol americano es el mayor exponente de ese nacionalismo. Las banderas ondean por doquier y el himno es cantado íntegramente. Tan obcecado está en su concepción del mundo que lanza un mensaje buenista tan inverosímil como negativo y contraproducente. Su mensaje pudo unir un equipo, pero no hizo que Tony Nathan pudiera ir a un instituto de blancos.

Se ha demostrado una y otra vez que la justicia no llega por métodos sencillos ni amables. Los reverendos Martin Luther King y Fred Shuttlesworth, y quienes los apoyaron, lo sabían. Muchos tuvieron que alzarse y caer para poder acabar con la discriminación racial, una lucha que, como Charlotesville nos ha recordado, sigue vigente. Y no podemos olvidarlo ni desvirtuarlo.

Marcha sobre Washington por el trabajo y la libertad, 1963

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Fuentes:

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